Octubre 21, 2020
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En busca de mayor participación en los mercados del mundo, la producción de San Miguel en Uruguay continúa creciendo de forma sostenida. Hablamos con Pablo de Marcos, su Gerente de Producción de Operaciones Agrícolas, para conocer más acerca de los avances y desafíos que tienen en este país. 

Con la campaña de este año avanzada en más del 95%, San Miguel Uruguay apunta a seguir creciendo en mercados internacionales de la mano de un portfolio compuesto por productos variados y de alta calidad. En un año distinto y complejo debido al avance de la pandemia de Covid-19, gracias al gran trabajo de coordinación implementado por San Miguel a nivel global, los objetivos fijados para la campaña están cumpliéndose según lo pautado. “Con un enorme esfuerzo de todas las operaciones, sumadas también las áreas de soporte, se fueron superando cada uno de los desafíos que fueron surgiendo”, cuenta Pablo de Marcos, Gerente de Operaciones Agrícolas de San Miguel en Uruguay. 

¿Qué ventajas competitivas ofrece Uruguay? ¿Cuáles son los productos más destacados?

Nuestros productos más destacados son las mandarinas sin semillas (seedles) tempranas (Clementinas y Novas) o las tardías (Afourer). Las mandarinas uruguayas se caracterizan por un intenso color y dulzura, que a otros orígenes le cuesta conseguir. Ocupan una ventana anticipada a Perú y Chile para ingresar en Estados Unidos y se complementan perfectamente con los tiempos de arribo de nuestras mandarinas peruanas.

¿A qué mercados están siendo destinados los productos?

En mandarinas, Estados Unidos fue y es nuestro destino más importante, seguido por Canadá, la Unión Europea y Brasil. Este año además incrementamos nuestros envíos de este cítrico dulce un 24%, y aumentamos el destino a EEUU en casi un 80%. En limón incrementamos las expos en un 39%, exportando a Estados Unidos al principio de temporada, para seguir fuertemente en la Unión Europea durante la mayor parte de la zafra. Las naranjas fueron enviadas, principalmente, a Estados Unidos, Canadá y Brasil.

En términos de procesos, calidad o volúmenes, ¿qué avances hay respecto de la campaña anterior? 

Las dos preselecciones de limón en Quinta 7 y Quinta 49 casi duplicaron su capacidad operativa, lo que nos permitió aprovechar al máximo el limón para fresco y nos obligó a ampliar la capacidad de empaque a partir de una alianza con dos empaques de terceros. Los rendimientos de empaque después de la preselección fueron del orden del 75%, haciendo mucho más eficiente la tarea de empaque con la consecuente reducción de costos. Además, mejoramos considerablemente la calidad, lo que nos permitió por primera vez pudimos proveer a clientes estratégicos de la más alta exigencia en forma complementaria con los demás orígenes de San Miguel.

¿Hubo alguna modificación en la estrategia de trabajo a partir de la pandemia de Covid-19?

Cuando iniciamos el año todo era incertidumbre, no sabíamos si íbamos a poder cosechar, transportar localmente y, menos, transportar a los mercados. Con un enorme esfuerzo de todas las operaciones y las áreas de soporte, pudimos ir superando cada uno de los escollos que fueron surgiendo. Esto se logró a partir de un importante trabajo de coordinación de San Miguel a nivel global, con la puesta en marcha de protocolos específicos para cada área con foco en tres ejes: 1) La salud de los colaboradores y sus familias; 2) La preservación de la sustentabilidad de la compañía; y 3) El cumplimiento de los compromisos con nuestros clientes para asegurar el abastecimiento de alimentos. También fue muy importante el apoyo de la comunidad trabajando coordinadamente con la cámara de exportadores, los sindicatos y el Ministerio de Salud Pública de Uruguay (MSP) Hoy, acercándonos al final de la zafra, podemos decir que superamos ampliamente las mejores expectativas.

Hace unos años San Miguel inició un proceso de recambio varietal en Uruguay. ¿En qué estado se encuentra ese proyecto? ¿Cuáles son las nuevas variedades que se incorporaron?

A partir de 2016 se inició un ambicioso programa de reconversión de variedades, que concluyó este año para plantar variedades que respondan mejor a las tendencias y necesidades de consumo del futuro. Así pasamos a producir mandarinas fáciles de pelar, sin semillas; así también como limón destinado a procesamiento industrial y a fruta fresca de exportación.

San Miguel tiene uno de los viveros más grandes del Uruguay. ¿Cuál es el rol que tiene en la operación de la compañía y qué implica en términos relativos para el país?

Históricamente teníamos un vivero de última generación y en 2015 se instaló un segundo vivero en la Zona Norte para abastecer el programa de plantación de limón que concluyó en 2019. Una vez terminado el programa, los viveros se fueron transformando en viveros comerciales en un 90%. San Miguel es reconocida por toda la industria por su tecnología, por la calidad genética y sanitaria de sus plantines, lo que nos permite entregar esta primavera más de 150.000 plantas, teniendo contratos para 2021 y 2022. En los últimos años se invirtió mucho esfuerzo en mecanizar operaciones; el uso de nuevas tecnologías de cultivo nos ayuda a ser de los más eficientes del mercado.

¿De qué forma ha impactado el uso de nuevas tecnologías y procesos en la productividad? ¿Y en la sustentabilidad?

La innovación es parte del ADN de San Miguel y permanentemente estamos incorporando tecnología en las diferentes operaciones, como el netting (para lograr mandarinas sin semillas que nos permiten competir en los mercados más exigentes) y el mulching ecológico orgánico (para evitar de forma natural la erosión, mejorar las condiciones del cultivo y ahorrar energía y consumo de agua). Además, estamos ensayando plataformas de cosecha para facilitar la tarea de nuestra gente y mejorar su productividad, evitando el uso de escaleras y reduciendo los accidentes. Utilizamos drones para hacer evaluaciones; tractores con manejo satelital para la marcación de plantaciones vendiendo el servicio de plantación a terceros;  fito-monitoreadores para tener información objetiva del estado del suelo y de las plantas en forma instantánea, etcétera. Todo esto mejora las productividades físicas y los precios de nuestros productos, aumentando la rentabilidad global y reduciendo la volatilidad de un negocio a cielo abierto. 

No puedo dejar de mencionar lo que para mí es lo más importante de destacar: el equipo humano de San Miguel Uruguay que, en estos años de grandes cambios, ha logrado transformar, con esfuerzo diario y “garra charrúa”, una operación de la que todos estamos orgullosos de ser parte.